Carta abierta de un país desamparado

Vuelve. Te esperamos ansiosos. Como ese niño durante la noche de Reyes. Vuelve. No hace falta que llames, la puerta lleva abierta desde que te fuiste. Te hemos estado buscando, ¿sabes? Hemos removido cielo y tierra. Tanto que llegamos a encontrar incluso cosas que no estaban en nuestra lista. Pero tú sigues sin aparecer.

Quizás pienses que tu desaparición no le importa a nadie. Que seremos cuatro allegados los que estemos deseando tu regreso. Pero no es ni mucho menos la realidad. Todo un país te espera. Ese país del que te fuiste sin dejar ni rastro. Ni siquiera una nota nos dejaste. ¿Por qué?

¿A caso nuestros antepasados, nuestros abuelos, nuestros tíos, nuestros padres, no te trataron con respeto? ¿No crees que lucharon lo suficiente para traerte aquí? Y lo hicieron con una sola intención. Con la intención de invitarte a pasar a sus casas y quedarte para siempre. Ser parte de sus familias y acompañar a sus hijos y nietos a lo largo de sus vidas. Fueron muchos los muros que hubo que derribar para poder traerte aquí. ¿No somos merecedores de tu compañía? Nos dijeron que seríamos la generación más preparada para cuidar de ti. Pero te nos has vuelto a ir.

Si, lo sé, no te has ido sola. Te echaron. Te largaron a patadas. Como a ese apestado al que nadie deja entrar en su casa. Te quitaron tu lugar sin ninguna explicación. Y tú te fuiste, dejándonos perdidos en el desamparo. Como pollos sin cabeza y con un futuro incierto. ¿Qué va a ser de nosotros? Sinceramente, no lo sé. ¿Y sabes lo peor? Que todos somos cómplices de tu marcha. Todos nosotros hemos permitido a esas personas sin escrúpulos echarte mirando hacia otro lado y permaneciendo en silencio. Pero te echamos tanto de menos …

Anhelo tu vuelta para que todos volvamos a tenerte en familia. Aquí sigues teniendo tu rincón, tu sitio favorito de la casa. Nadie lo ha ocupado desde entonces. Solamente si tú vuelves, la vida aquí volverá a ser lo que era. El país sería de nuevo el que unos grandes luchadores consiguieron que fuera. Y, sobre todo, a mi generación y a las que vienen detrás, nos darás el soplo de aire fresco y esperanza que tanta falta nos hace.

Así que, por favor, estés donde estés: vuelve a casa, dignidad.

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