L̶i̶m̶p̶i̶a̶ ̶c̶u̶l̶o̶s̶, limpia penas

Me enerva. Me asquea escuchar esa expresión. “Fulanita de tal es auxiliar de enfermería. Vamos, que es una limpia culos”. ¿Enserio?

En mi círculo familiar y de amistades tengo el inmenso placer de contar con varias personas que son auxiliares de enfermería. Como cualquier otro empleo, precisa de unos conocimientos que hay que ganarse a base de estudiar. Como cualquier otro empleo, el sueldo que reciben estas personas hoy en día, en muchas ocasiones, no es tan digno como debería de ser. Como en cualquier otro empleo, los trabajadores de este sector se merecen un respeto.

Hace poco tiempo visité una residencia de ancianos en la que trabaja una persona conocida. Me situé ante la puerta principal nerviosa, angustiada y con cierto miedo a encontrarme con imágenes que no querría ver. Pero, al entrar allí, mi sensación cambió por completo. El ambiente que se respiraba no era el de un lugar oscuro y triste. Los residentes caminaban por los pasillos y saludaban con amor a sus cuidadoras. Otros, pasaban un agradable rato en unos sofás viendo la tele, charlando con algún compañero o simplemente pensaban en sus cosas. Obviamente, también hay una parte más triste de estos lugares. No hay que olvidar que en una residencia de ancianos se encuentran personas muy mayores. Muchos de ellos aún tienen su mente muy espabilada y se pueden valer, dentro de lo que cabe, por sí solos. Pero, en cambio, otras personas se encuentran en circunstancias más difíciles.

Pero, en aquel lugar, todos y cada uno de ellos disfrutaban de un agradable trato por parte de los trabajadores. Ya fuese ayudándoles a caminar por el pasillo, ofreciéndoles sus medicinas, ayudándoles a darse un baño o incluso acompañándoles en sus últimas horas de vida. Ojalá todos y cada uno de nosotros pudiésemos gozar del trato que yo me encontré en ese lugar.

Ese lugar en el que hay personas que deciden dedicar su vida a cuidar de otras personas. Ese lugar en el que, indiscriminadamente, hay gente que da amor a aquellas personas que quizás no lo tengan.

Quizás ahora mismo alguien que tiene la triste manía de referirse a un/a auxiliar de enfermería como “limpia culos” esté leyendo estas líneas. Y, podría darse la casualidad, de que además esa persona haya decidido llevar a algún familiar a uno de estos centros o incluso puede que algún día él/ella mismo/a termine en uno de ellos. En ese caso, querido/a desconocido/a, he de decirte que estás muy equivocado. Estas personas, estas maravillosas almas, estos ángeles para ti desconocidos, son mucho más que “limpia culos”. Si, lo hacen, los asean y mantienen limpios a tus seres queridos -y quizá algún día a tu propia persona-. Pero esa no es ni una mínima parte de su trabajo.

Me encantaría invitarte un día a tomar un café y conocer lo que piensas. Preguntarte qué opinas del trabajo de estas personas, escucharte, odiarte desde dentro mientras asiento para que compruebes que, aunque no esté de acuerdo contigo, te escucho. Te dejaría hablar todo el rato que quisieses. Seguramente me dirías que es un trabajo de mierda, que no merece la pena gastar tu tiempo en algo así. Yo bebería sorbos de mi café ardiendo -maldita manía de echar el café tan caliente – y te seguiría escuchando. Y, cuando terminases de hablar, te invitaría a venir conmigo a ver lo que yo he visto. A conocer a fondo cómo trabajan esas personas.

Es cierto, es un trabajo duro y no todos podemos valer para ello. Yo no valdría, lo aseguro. Al igual que otros no valen para escribir una entrada en un blog. Cada uno tenemos nuestro camino en la vida, nuestras pasiones y nuestras inquietudes. ¿No merece la pena gastar tu tiempo en eso? Quizá para ti no. Pero yo he oído a gente que cuida de tus conocidos, tus familiares y que puede que algún día cuide de ti decir que si le quitan la oportunidad de dedicarse a ello “se mueren en vida”. ¿Sabes lo que significa eso? Pasión. Amor por su trabajo, adoración por sus ancianos, predilección por entregarle sus horas a estas personas. No, no todos valemos para ello. Hay que tener un alma muy rico para poder hacerlo. Cualquiera no puede decidir aportarle a alguien en sus últimos años, meses, semanas o días de vida todo lo que tienen. No todo el mundo lloraría cuando una de esas personas a las que cuidan se fuera para siempre. No es tan sencillo como limpiar culos e irse a casa tan tranquilo.

Esas personas entregan su jornada laboral a sus pacientes. Esos ángeles se llevan su trabajo y su amor por ellos a casa cuando llega la hora de salir de su trabajo. Esas maravillsas almas le dan todo lo que tienen en su gran corazón a personas a las que otros han decidido dejar aparcados en una residencia.

Si, limpian culos. Pero también limpian las penas de tus seres queridos.

Ahora, invítame a otro café y trata de volver a referirte a ellos como “limpia culos”.


Dedicado a todas esas almas que entregan o entregaron su vida a otras almas en pena.

Iris López

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