Que no se mueran los pueblos

11537703_950771464975177_937636133693800020_nPor favor, no dejemos que los pueblos mueran. No perdamos ese ambiente, esa forma de vida tan sana y extraordinaria.

Ayer, después de muchos meses exiliada en Burgos ciudad, volvía a uno de los pueblos de mi infancia: Tanes / Tañes (Campo de Caso, Asturias / El Campu, Asturies). Casi se me había olvidado esa estupenda sensación de vivir sin ruidos, de que no hubiera cobertura para que nadie perdiese el tiempo con sus respectivos móviles. Mi ahijado, de 5 años, lleva en la sangre la necesidad de vivir esa infancia que yo vivi. Mojarse con la manguera, que no pasa nada, que lo mojado se seca. Mancharse sin que sea un delito, que las cosas se lavan. ¡Qué tiempos aquellos en los que la suciedad medía el nivel de disfrute!. Codearse con los animales como uno más, darles de comer, pasearlos. Ir a la pila, pescar renacuajos y devolverlos luego a su lugar. Disfrutar.

Además, este tipo de ambientes nos hace a todos más humanos, más cercanos. Después de tanto tiempo hecha a la ciudad, me sorprende que una persona desconocida te salude en los caminos del pueblo, como si te conociese de siempre. Porque un pueblo es una pequeña familia. En los pueblos la gente no pasea su ego sin preocuparse de su alrededor. En un pueblo, todos importan. Aún recuerdo cuando, siendo bien pequeña, un hombre cualquiera de este mismo pueblo me llevó a su casa y me curó una gran herida que tenía en la rodilla (las “heridas de guerra” también son parte de la infancia, o lo eran, ahora no lo sé). Ahora, hace pocos días, veía sorprendida el vídeo que viajaba por internet de una persona inconsciente tirada en el suelo a quien, los de su alrededor, ignoraban como si nada pasara.

Y esta simple reflexión no es más que un llamamiento. Una llamada de atención a quienes han dejado de llevar a sus hijos a los pueblos. A aquellos que, por desgracia, están robándole una parte importante del aprendizaje: el codearse con la naturaleza, el aprender a ayudar a los demás, que un animal es un ser vivo que necesita cuidados y no es un objeto a maltratar. Que la vida, al fin y al cabo, no es solo pensar en uno mismo y exhibir nuestro ego a través de un móvil de última generación.

Así que, por favor, no dejemos que los pueblos mueran. No perdamos ese ambiente, esa forma de vida tan sana y extraordinaria.

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