La Vida de Adèle: del despertar sexual a la fatalidad

La Vida de Adele

Sumergida en kilos de palomitas me dispuse a ver, por fin, ‘La Vida de Adèle’. Una película de la que han nacido opiniones de todos los colores -porque de colores va la cosa- e, incluso, polémicas. Este film del director Abdellatif Kechiche nace de la inspiración en un cómic de la francesa Julie Maroh‘Le bleu est une couleur chaude’ (‘El azul es un color pálido’). Película que surge de la coproducción entre Francia, Bélgica y España y que llamó la atención tras su triunfo en el pasado Festival de Cannes. Hasta el mismísimo Steven Spielberg pareció quedar fascinado con la historia de Adèle y Emma. Pero, dejando de lado polémicas y peleas entre actrices, director y autora de la novela gráfica, pasemos a hablar de la película en si. [Para interesados, todo sobre este tema en: ‘La Vida de Adèle’ tras Cannes].

El film, en resumen, cuenta la historia de Adèle (Adèle Exarchopoulos) desde su adolescencia hasta su madurez y declive emocional. Adèle es una joven que comienza a sufrir ciertos problemas de identidad cuando trata de asumir su identidad sexual, dudas que aumentan con la aparición en su vida de Emma (Lèa Seydoux). Es esta chica, pintora y bañada de una amplia cultura, quien pintará de azul la vida de Adèle. Aquí es donde entra uno de los aspectos más llamativos de la historia -estéticamente hablando- como es el juego que el autor hace entre el color azul del pelo de Emma y la continua aparición del mismo en todas las escenas del film. Dicho color permanecerá en la vida de Adèle hasta que esta termina por encontrarse y definirse a sí misma.

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La película, de casi tres horas de duración, puede caer en el pecado de resultar aburrida en ciertos momentos. Esto, no hace más que provocar la pérdida de interés por el espectador en la historia. Pero, para los amantes del cine y observadores, esta cinta es un tesoro en cuanto a recursos narrativos. El más destacado -a mi ver- es el juego que Kechiche hace continuamente a través de los rostros, genialidad que consigue gracias a la actriz Adèle Exarchopoulos y su perfección para expresar con tan solo su cara.

‘La vida de Adèle’, además, podría dividirse perfectamente en dos claras partes. El primer acto sería el centrado únicamente en Adèle, su despertar sexual y su primer amor. A continuación, pasaríamos a la segunda parte, a través de la que conocemos el desengaño amoroso y la aceptación de las jóvenes sobre el triste final de su historia. Final que, tal vez, cree ciertas críticas. Pero esto es un simple fruto de la comodidad de un público acostumbrado a terminar las películas llorando de emoción por los finales felices y no a quedarse con el mal cuerpo propio de un fin trágico. Hay una clara diferencia entre ambas partes que forman la película: el tiempo que se narra en cada una de ellas. Y es que, mientras que la primera parte transcurre apenas unos meses, en la segunda hay tres años entre medias. Es a través de estos detalles como Kechiche muestra su interés en el naturalismo humano, por encima del realismo social.

140213103620930839El paso del tiempo en la historia estará marcado también por los peinados de las dos jóvenes. La chica de pelo azul que provocó el encuentro del amor y el despertar sexual en Adèle pasará a ser rubia, mientras que Adèle terminará por mostrar su madurez a través de una melena más cuidada.

Finalizo hablando de otro de los detalles de esta película: la presencia continua de la cultura. Cuando Adèle conoce a Emma trata de todas formas de introducirse más a fondo en el mundo cultural de esta, una apasionada del mundo del arte y la filosofía. Emma, muy culta, le habla continuamente de asuntos filosóficos como Sartre. Pero, a pesar de su buena intención, Adèle no consigue sumergirse de pleno en la pasión del amor de su vida. Los hay, incluso, que comparan estos problemas con el propio deterioro de la relación entre las dos protagonistas. Adèle lo intenta, lo desea, pero su forma de ser le impedirá llegar a cumplir sus deseos.  

Finalmente, y tras vivir las experiencias tanto bonitas como duras entre Emma y Adèle, esta despedirá la película alejándose con su vestido azul destacando. Deberá, de nuevo, encontrarse a sí misma abriendo un nuevo camino en su vida.

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