¿Es la música un tipo de conducta social?

Al igual que el lenguaje y la capacidad para percibirlo se aprende sin necesidad de recibir un adiestramiento expreso, la música también aprendemos a escucharla desde nuestro nacimiento. Si lo miramos desde el punto de vista de la música como excusa para reunirse (conciertos o verbenas de los pueblos, por ejemplo) y el impulso que recibimos de la música para formar grupos, esta si que se podría considerar un tipo de conducta social.

Además, la música y el estado de ánimo de las personas siempre están relacionados. Solo hace falta manipular dos rasgos musicales (como son el modo y ritmo) para comprobar cómo esta alteración provoca cambios en la percepción de la música y el estado sentimental-anímico de las personas.

La sociedad siempre ha utilizado este arte como forma de protesta, componiendo canciones reivindicativas, buscando nuevas formas de composición, tratando de alcanzar siempre un nivel más alto que los demás en originalidad.

El autor Steven Brown (2000), inventó un modelo de estudio con el que trataba de explicar el origen de lo que él denominó “musilenguaje” y  lo que considera como el “precursor ancestral común” de lo que hoy en día conocemos como la música y el lenguaje.

Desde hace ya 2500 años, el ser humano ha considerado la música como una potencia muy importante a la hora de influir en las personas, llegando a casos como el de China, India o Japón donde, en el siglo III a.C., establecieron lo que ellos definieron como la “oficina imperial de la música” y desde la cual pretendían controlar las acciones musicales del país con el fin de dominar la repercusión de dicho arte en sus ciudadanos.

Si nos  centramos en la música como etiqueta para diferenciar grupos sociales, volvemos una vez más a afirmar que es una forma más de demostrar nuestra tendencia y cultura social. Así pues, podemos elaborar una distribución entre los jóvenes utilizando como principal factor el tipo de música que escuchan. El gusto musical se suele relacionar directamente con otros factores como es, por ejemplo, la forma de vestir: es fácil etiquetar rápidamente a un joven vestido con tonos oscuros, votas y bisutería agresiva como rockero; al igual que podemos tachar de rapero a un joven que vista pantalones anchos y caídos, gorra y zapatillas deportivas. Incluso la forma de usar el lenguaje nos puede hacer plantearnos qué estilo de música escuchará cierta persona.

Hoy en día, nos encontramos en una situación en la que se tiende a la homogeneización de la sociedad. Esto no es algo que venga de hace años, sino que ha sido una tendencia muy común a lo largo de la historia. Se intenta alienar a la juventud para que estos adopten una forma de ser analógica y similar a la que se pretende.

Es por esto que no es nada sorprendente que los jóvenes depositen un gran interés en la música, puesto que esta es considerada como una vía de escape de dicha tendencia a igualar. La sociedad siempre ha utilizado este arte como forma de protesta, componiendo canciones reivindicativas, buscando nuevas formas de composición, tratando de alcanzar siempre un nivel más alto que los demás en originalidad. En conclusión, se busca ser rebelde, diferente, llevar la corriente al sistema que les rodea y hacerse notar. Podemos, finalmente, confirmar que la sociedad genera la música como uno de sus productos culturales más potentes.

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