¡Tira ese porro ahora mismo y bébete 10 cubatas!

No es apología al alcohol, ni tampoco al cannabis. Pero me hierve la sangre. Me hace muchísima gracia el ver cómo la gente ve como algo ‘normal’ y cotidiano las borracheras del fin de semana (o de entre semana, que no son pocas) y luego ponen el grito en el cielo cuando alguien dice “me he fumado un porro”. Y digo yo … ¿qué diferencia hay? Pues, para mi, ninguna. Tanto el acohol como el cannabis, y ya que estoy añado a nuestro amigo el tabaco, son drogas que atacan cada una de forma diferente al organismo pero que, al fin y al cabo, nos hacen daño consumiéndolas.

Vivimos en una sociedad en la que todo se celebra con alcohol, en la que si estamos tristes nos emborrachamos, en la que si no nos atrevemos a declararnos al amor de nuestra vida nos bebemos un par de cubatas, en la que un establecimiento te vende una caja de tabaco, en la que resulta gracioso que un niño de 12 años beba una copita de champán en nochevieja, en la que los padres les compran tabaco a sus hijos porque está muy caro para pagárselo con su sueldo, en la que puedes darle unas caladas a un canuto y reírte un ra … ¡ah, no! ¡fuera, maldito drogadicto!

Esa, señoras y señores, es la sociedad en la que vivimos: una sociedad en la que, desde pequeños, nos educan de tal forma que continuamente vemos alcohol y tabaco por todas partes, que se consume las 24 horas y se comercializa en lugares varios. Pero no vemos la poca diferencia que existe entre estas dos drogas legales (porque son drogas, chicos y chicas) y el cannabis. ¿Cuántos de vosotros os habéis hecho un chequeo para ver el estado de vuestros pulmones o hígado? ¿Cuántas cervezas, sidras o cubatas os bebéis en una noche de fiesta? Pero tranquilos eh, con calma, solamente os está dañando el hígado y probablemente afectando a vuestro sistema nervioso. Coge el mechero y sigue leyendo mientras te fumas un cigarro tranquilamente, que solamente estará coloreando tus pulmones de negro carbón y destruyendo tu sistema cardiovascular.

Todo esto son drogas y, como drogas que son, pueden crearte adicción y traerte grandes problemas. Puedes terminar siendo alchólico (cuántos los seremos sin nisiquiera darnos cuenta), puedes ponerte de los nervios si pasas más de dos horas sin fumarte un cigarro o puedes necesitar ese último canuto del día para conciliar el sueño. Otros se se vuelven adictos al sexo, a las pastillas que les recetó el psicólogo, a las compras o a una persona en especial. ¿La diferencia? Ninguna. Todas y cada una de ellas te afectan de alguna forma, ya sea psicológica o físicamente; o las dos a la vez.

En definitiva, que cada uno decida con total libertad qué hacer con sus adicciones y su salud pero que, al menos, sea consciente de que esos 10 cubatas de la noche quizás (o tal vez sin el quizás) le traigan consecuencias mucho peores que a aquel que se fume un porro en el parque con sus amigos.

Le dedico este artículo a mi querido Andrés Monedero, por ser mi fuente de inspiración animándose a filosofar y discutir conmigo.

Iris López

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