La “gran” vida de los brigadistas.

“¡Qué bien viven! ¿Y lo que cobran?” . Expresiones como estas son las que se oyen prácticamente a diario por personas que peinan la zona en la que se localiza el retén de la Brigada de Salvamento Minero, situada en Sama de Langreo (Asturias). ¿El motivo? Presenciar como un grupo de trabajadores se dedican a jugar una “pachanga” de fútbol en horas de trabajo. Pero, ¿realmente viven tan bien?.

La Brigada de Salvamento cuenta con un gran número de empleados, distribuidos en turnos de ocho horas pero que, al parecer, “no hacen nada y cobran mucho, viven como Dios”. Esta es la impresión que te llevarás si decides pasear por los alrededores del retén.

Pongamos un caso concreto creando un personaje llamado Alberto. Lleva trabajando como brigadista cinco años y este mes, por fin, está de vacaciones. Ha podido irse con su mujer y sus dos hijos, de cuatro y seis años, a Málaga. En la madrugada del quinto día de desconexión, recibe una llamada reclamando su presencia, en menos de un día, para trabajar en el rescate de dos personas atrapadas en el Pozo Sotón.

Con el hotel pagado por una quincena y el viaje de casi doce horas, tiene que volverse a Asturias antes de completar su quinto día de vacaciones. A la tarde llega al retén, se prepara y se va a la hazaña. Todo va bien, la exploración exitosa y alcanzar a los dos mineros atrapados es cuestión de minutos. Pero este triunfo llega a su fin cuando toneladas de carbón les atrapan, dejándolos entre una masa de desesperación y dolor.

Horas más tarde la operación parece haber tenido éxito: los dos mineros han sido trasladados al hospital. Pero, ¿y Alberto?. Para él no ha sido la mejor de sus intervenciones, tal vez sea porque ha sido la última. Atrás deja sus vacaciones en Málaga, a su mujer y a sus dos hijos. También se ha despedido de sus partidos de fútbol, de sus horas en la sauna y de sus tardes compartiendo programa de cotilleos con sus compañeros de trabajo.

Tal vez uno de esos mineros por los que Alberto ha dado la vida sea quien dijo “que bien viven estos” o quizás sea el hijo de quien criticó a “esos vagos indecentes”.

El motivo de esta pequeña historia no es más que un intento de hacer que todas las personas que alguna vez en su vida han pensado algo así, lo hagan desde su más sincera sensatez y coherencia, teniendo en cuenta el gran riesgo al que se exponen estos trabajadores cada vez que sucede un accidente, sin olvidarnos del sujeto trabajo que realizan: veinticuatro horas del al día activo y disponible por si alguna catástrofe les reclama.

Con estas líneas quiero pedir tranquilidad y comprensión, ya que siempre que observemos estas situación de relax entre los trabajadores de La Brigada de Salvamento, recibamos su tranquilidad, sabiendo que todo está bien y que ninguna vida está corriendo peligro.

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